“Un corazón sacerdotal” – Martes Semana del Seminario 2018

“Un corazón sacerdotal”

“Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas” Jn 10, 11. Dios llama a aquellos que sienten la inquietud por la vocación sacerdotal. Él los elige de entre su pueblo y consagrarlos, para dar vida. Desde ese momento ya no se pertenecen a sí mismos, sino que pertenecen a Dios. Es por eso que, paso a paso, el corazón del sacerdote se va configurando con el corazón de Jesús, va aprendiendo la humildad y la mansedumbre. Diría que el sacerdote no se casa, pero aun así es padre; no vive con una mujer, pero es esposo de la Iglesia; no tiene algunos hermanos, sino toda la humanidad; no es amigo de pocos, sino de muchos; no tiene grandes campos, pero es un verdadero pastor; en fin, el corazón de un sacerdote es el de otro Cristo.

Me parece que el sacerdote se ha caracterizado en mi vida y en la vida de varias personas, en algunos aspectos, para dar vida, por ejemplo:

1) El sacerdote da vida con el corazón de un padre: Un padre que guía, que enseña, educa, juega, se divierte y que también corrige. Un padre espiritual de aquellos que escuchan los problemas, aconsejan y ayudan a superar los momentos difíciles. Un padre que se involucra en la vida de sus hijos, pero que también los deja volar solos. Un padre que está presente en los momentos importantes, como los sacramentos.
2) El sacerdote da vida con un corazón de hijo: Para ser padres primero hay que ser hijos, un hijo que se equivoca y que pide perdón, un hijo que confía y ama a sus padres, un hijo que se deja corregir con humildad, un hijo que responde con respeto y devoción. Ser hijo de Dios no suele ser tan fácil como algunos dicen por ahí, ser hijo tiene deberes y tiene derechos. Ser hijo es nuestra primera llamada cuando nacemos. Somos parte del cuerpo de Jesús.
3) El sacerdote da vida con un corazón de un hermano: A los hermanos se les acepta con amor, se les quiere como son. Siempre buscamos lo mejor para ellos, los aconsejamos, los ayudamos y a la vez nos dejamos aconsejar y ayudar por ellos. Es una relación mutua de amor, que no se elige, se acoge. El sacerdote está llamado a ser hermano de todos.
4) El sacerdote da vida con el corazón de un amigo: Igual diría que es de los mejores amigos que pueda haber. Sabemos que podemos confiar en él pase lo que pase, que allí va a estar cuando le necesitemos, que se preocupa porque quiere lo mejor de nosotros. El sacerdote también puede ser llamado amigo de los demás, porque aprendió de Cristo, lo que significa una verdadera amistad.
5) Por último, el sacerdote da vida con un corazón de un pastor: La imagen del pastor con el rebaño de ovejas, está en directa relación con Cristo, el Buen Pastor. El sacerdote se configura como pastor del rebaño de Dios. El Sacerdote busca a las ovejas perdidas del rebaño y las acerca al redil; las ama, las atrae de vuelta, las abraza con ternura cuando las encuentra.

El corazón sacerdotal busca ser lo más parecido al de Cristo, por eso se va configurando con él paso a paso desde el Seminario. El corazón sacerdotal es un corazón abierto a toda la humanidad, lleno de amor para dar vida.

José Ángel Herrera Mondragón
Alumno del Curso Introductorio

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