No tengan miedo a Cristo, Él no quita nada y lo da todo

Edilberto Jacob López Chan.

Diácono Transitorio, alumno de Teología.

Antes de entrar al Seminario, escuché esta frase del Papa Benedicto XVI, “No tengan miedo a Cristo, él no quita nada y lo da todo”. Me acuerdo que no pude evitar pensar y darle vueltas en mi interior a estas palabras, me preguntaba: ¿cómo es que Cristo no quita nada y lo da todo? ¿No, qué para seguirlo hay que renunciar a todo? No tardó el Señor en empezar a darme las respuestas a estas preguntas.

 

Fui invitado por dos sacerdotes que trabajaban en la Pastoral Vocacional, a participar en los retiros vocacionales del Seminario, tengo que decir que en varias ocasiones me resistía, pero ya la inquietud en mi corazón no me dejaba en “paz”, recuerdo que la decisión de entrar al primer año del Seminario (Curso Introductorio), fue motivada por las palabras que le dice a San Pablo en el libro de los Hechos de los apóstoles, “ve y ahí se te dirá qué hacer” (Hech 9,6). Esa inquietud estaba tomando rumbo al sacerdocio.

 

Fue precisamente dentro del Seminario que descubrí que la inquietud al sacerdocio no era un fruto humano sino un don de Dios que he recibido y que por eso me dejaba inquieto y con muchas interrogantes, y eso era lo evidente, no era invento mío, yo le decía al Señor en mi oración al inicio del proceso: “si esto que siento Señor, no viene de ti, por favor haz que me dé cuenta y tenga valor de aceptar por dónde me llamas, pero si esto ha sido puesto por ti, dame valor, para responder y no huir de esta vocación”. Poco a poco fui dándome cuenta que era un llamado, y que me rebasaba en todo, pero era una dicha también que me impulsaba a seguir, y con más claridad expresé: “Quiero ser sacerdote, porque me estás llamando, quiero gastar toda mi vida en esta vocación”, y les ruego que sigan orando por nosotros para que entreguemos nuestras vidas hasta el final, con generosidad y fidelidad.

 

Es un don que he recibido, pero no sólo para mí, sino también un don para el pueblo de Dios, y como sacerdote, Dios mediante, un don para la humanidad, este don es un ministerio que rebasa mis fuerzas y mis pensamientos, que a veces me deja asombrado y preocupado por la tremenda responsabilidad de ser otro Cristo, de participar de su gracia, de su sacerdocio, puesto que él es el único Sacerdote, y me quiere compartir su ser sacerdotal. Me pregunto ¿quién soy yo Señor para este gran don?

 

El Señor sigue regalando a la humanidad sacerdotes, y no dejará de hacerlo, estoy seguro que muchos lo experimentan en su interior y no lo han externado, atrévete, sólo hazte la pregunta, tú puedes ser un “don para la humanidad”, probablemente Cristo te esté llamando a serlo. Te puedo asegurar que Cristo no quita nada y lo da todo.

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