El sacerdocio, don para la humanidad – Artículo Vocacional

“El sacerdocio, don para la humanidad”

Pbro. Lic. Luis Alfonso Rebolledo Alcocer.

Prefecto de la Etapa Discipular

 

¿No es pretensioso afirmar que el sacerdocio es un don para la humanidad cuándo a la inmensa mayoría de los seres humanos parece no importarles para nada el sacerdocio cristiano? ¿Es válida esta afirmación en un contexto cada vez más secularizado y hostil a la Iglesia? ¿No será una afirmación que hoy en día está cada vez más fuera de lugar? Quiero responder en cuatro puntos:

Procesión antes de la Misa Crismal

  1. La palabra don significa regalo, y para que éste lo sea, debe ser gratuito e inmerecido. De hecho, un regalo, se acepte o no, guste o no, por ser gratuito es un don, el cual ha sido dado generosamente por alguien. Si se afirma que el sacerdocio es un don, es porque se concibe a éste como un regalo de Dios a la humanidad, una humanidad que no lo merece del todo.
  2. Ahora bien ¿qué entendemos por sacerdocio? Desde la perspectiva cristiana, el sacerdocio no se puede entender sin la referencia clara a Aquél que es el Sumo, Único y Eterno Sacerdote: Jesucristo. De hecho, Jesús de Nazaret no es un sacerdote judío, ya que Él es de la tribu de Judá, descendiente de David. En los evangelios, nunca encontraremos a Jesús ofreciendo sacrificios cultuales en el Templo. Sin embargo, la carta a los Hebreos lo califica como Sacerdote, Dándole al sacerdocio judío un valor simbólico, el cual es figura del sacerdocio de Jesucristo, el cual, no es un mero “oficio sagrado” sino que consiste en ofrendar libre y voluntariamente la vida en favor de la humanidad. Jesús es Aquél que pasó toda su vida haciendo el bien, viviendo totalmente al servicio de los pobres, enfermos, marginados y pecadores. Toda su vida es sacerdotal porque vivió ofrendándose, entregándose. De hecho, para Jesús el Amor es dar la vida, y Él vivió dándola hasta el extremo de morir en la cruz. Y por ello su entrega es redentora, ya que Dios acepta la ofrenda de la cruz como sacrificio agradable porque no hay la más mínima reminiscencia  de pecado: está totalmente impregnada de amor divino. Y es Dios quien responderá con la Resurrección; haciendo evidente que por la vida sacerdotal de Cristo, la salvación ha llegado a todos los hombres. Ahora bien, es tarea de los hombres aceptar el don de la salvación por medio de la fe.
  3. Es claro que para el Nuevo Testamento, Jesucristo es el único Sacerdote. Sin embargo, por el bautismo, todos los cristianos hemos sido hechos partícipes del único sacerdocio de Cristo. Es sólo por participación que podemos afirmar que los cristianos somos sacerdotes. Los bautizados son en Cristo, hijos de Dios en el único Hijo de Dios, sacerdotes en el único Sacerdote, reyes en el único Rey (todo ello por participación). De hecho, por el Espíritu que han recibido en el bautismo, los cristianos son unos ungidos, han sido revivificados y están llamados así, a continuar la obra de Cristo en favor del Reino de Dios; y como Jesús, ejercer el sacerdocio bautismal ofrendando sus vidas en favor de toda la humanidad. Los cristianos no están en el mundo para que les vaya bien, sino para hacer el bien.
  4. Dentro de los bautizados, algunos son llamados a participar del único sacerdocio de Cristo ministerialmente dentro de la Iglesia, a fin de servir como pastores dentro de la comunidad cristiana. Estas personas reciben el sacerdocio ministerial mediante la imposición de las manos del Obispo en el sacramento del Orden, con la finalidad de ofrendar su vida en favor del rebaño que el Señor le encomienda. El ministro ordenado está llamado a ser consumido, entregarse en oblación por las ovejas al estilo del Buen Pastor. Recibe el ministerio para apacentar el rebaño, para conducirlo hacia los “verdes pastos”, defenderlo de los depredadores, consumirse en favor del pueblo de Dios. El ministro ordenado es el hombre de la Eucaristía, el hombre para la Eucaristía, el hombre-Eucaristía; es decir, es aquél que entrega su cuerpo para ser comido y entrega su sangre para ser bebida. Aquello que se dice del cristiano en general, se espera con mayor razón del ministro ordenado en particular: éste participa del único sacerdocio de Cristo, no sólo como bautizado, sino con el “plus” del sacramento del Orden, el cual lo configura a ser sacerdote como ministro de la Iglesia, como pastor del pueblo de Dios.

Sacerdotes en Misa Crismal

Conclusión: el sacerdote es el hombre que no se pertenece, es el hombre-ofrenda, es el hombre-don, un ser humano que ha sido llamado por Dios para amar al estilo de Jesús, llamado a pasar por este mundo entregando la vida en favor de todo aquél que lo necesite. El sacerdote es un hombre que ha sido ungido para hacer el bien, y desde ahí se entiende que es un don para toda la humanidad. Por ello, un sacerdote que no se entrega, que utiliza al rebaño en beneficio personal, que utiliza el ministerio para obtener ganancias egoístas, será un verdadero traidor a su vocación. Por ello, es un imperativo para toda la comunidad cristiana orar por la santidad y la perseverancia de los sacerdotes y de manera muy especial, por los seminaristas que se preparan en el Seminario para ser pastores del pueblo de Dios.

 

 

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